Breve
introducción
Desde el 2005 venimos funcionando como
colectivo de trabajo, produciendo una revista de “Filosofía, estética y
política”, en forma autogestionada, autónoma y horizontal. Huelga decir que la
definición de ser una revista de “Filosofía, estética y política” no trata de
encasillar el campo problemático del colectivo, sino justamente de plantear el
problema de lo que dicho campo significa.
El modo de
funcionamiento y producción que nos damos, implica prestar a debate tanto
nuestros modos de relación y de organización interna, como los esfuerzos de
trabajo cristalizados bajo la forma de editoriales, artículos y/o publicaciones
en general[1].
En lo relativo al modo de funcionamiento y producción, consideramos que lo
fundamental no son tanto los miembros que integran el colectivo de trabajo,
sino el modo de relacionarse que intentan poner en práctica. Por su parte, con
respecto particularmente a los editoriales, señalamos que son producidos
colectivamente, como una toma de posición del colectivo sobre diversas
cuestiones que hacen a nuestro trabajo, al espacio en el que nos situamos (y en
ocasiones se nos sitúa), y al contexto coyuntural, considerado las más de las
veces como manifestación y síntoma, no como problema en sí mismo, abstracto,
desconectado de toda historia y proceso.
En cuanto a la “presentación-celebración” del número 6 de la revista, aclaramos que tuvo como objetivo, en general, proponer la discusión del editorial, los artículos presentados, la forma de organizarse del grupo, o cualquier otra cosa que haya podido hacer ruido a quienes se invitaron y/o asistieron a la misma.
En cuanto a la “presentación-celebración” del número 6 de la revista, aclaramos que tuvo como objetivo, en general, proponer la discusión del editorial, los artículos presentados, la forma de organizarse del grupo, o cualquier otra cosa que haya podido hacer ruido a quienes se invitaron y/o asistieron a la misma.
A continuación,
entonces, presentamos la desgrabación de la “presentación-celebración” del
número 6 de la revista. Esperemos sean de su utilidad y/o (¿por qué no?)
agrado…
Presentación
de Amartillazos 6
MS: La idea además de celebrar es ver si nos
podemos juntar a discutir y a intercambiar pareceres de la revista. Si alguna
parte de la revista había generado algo. A nosotros nos vienen bien las
repercusiones que genera lo que escribimos. No es común que nos leamos entre
nosotros, los que venimos de la academia. Pero antes, dado que estamos en “El
Umbral”…
Presentador de “El Umbral”: Buenas tardes a
todxs. El objetivo de este espacio en la facultad es meter acá adentro la
discusión sobre qué son los saberes populares, es la cultura, cómo se relaciona
con lo que aprendemos en las aulas. También generar una base de material con
una visión distinta de lo que se está produciendo en las aulas y construir
colectivamente y culturalmente algo distinto a lo que allí se nos enseña. Es un
espacio horizontal donde cualquiera puede participar. Nuestra idea es que la
gente venga, de la discusión, que tenga visiones contrarias, que nos haga ver
nuestros errores, dónde nos fortalecemos… ayudarlo a construir entre todos. Sin
discusión no hay crecimiento del espacio. Muchas gracias por participar del
espacio.
MS: Como algunos, tal vez, no hayan leído la
revista, nuestra idea es hacer una presentación con algunos ejes relevante de
la Editorial para la discusión.
Simplemente para enmarcar o no, ya que si alguien quiere decir algo relacionado
a otra cosa o a algún artículo, el espacio está abierto.
MG: En primer lugar, anticipo que estamos
grabando, así que a medida que vaya circulando la palabra, haremos pasar el
grabador. Lo hacemos para que nos quede un insumo para seguir trabajando y como
un registro de la presentación para pensar cómo se fue modificando la
presentación de la revista a diferencia de otros años (por eso, la comida, el
vino y la presentación en “El umbral”). La idea es que no sólo quede un
registro de notas, por eso una compañera al principio estuvo filmando un poco.
Segundo, así como
esta revista es autogestionada y viene hace bastante tiempo en la carrera de
filosofía, con mucho trabajo y empeño, a veces nos supera el deseo de que salga
rápidamente, como nos pasó este año, y es por eso que ustedes habrán visto que
tiene algunos errores. Uno de los errores más importante, es que no pusimos a
uno de los colaboradores, que es América. Ya le pedimos disculpas, pero
aprovecho para mencionar el error involuntario que tuvimos con esta cuestión.
Bien, voy
directamente al editorial. Sólo presentaré
algo. Quizá durante la discusión podremos ir explicitando aún más que estos
tres ejes que nosotros extrajimos al releer el editorial y al discutir el
número en su totalidad (aunque todavía sólo hicimos balances parciales). Una de
las primeras cuestiones que planteamos, a través de la metonimia y de la
metáfora, es el problema de la identidad revolucionaria. Se puede tomar para
pensar la militancia después del 2001, sobre todo acá en la Argentina. Tomamos
esta cuestión, al observar cómo diferentes organizaciones políticas, partidos
políticos, organizaciones sociales, iban saltando de una identidad a otra y
cómo esa identidad iba determinando un campo de lucha. Y, también, para pensar
las consecuencias de estas identidades revolucionarias.
Este recorrido que
nosotros vemos desde el 2001 hasta el presente, nosotros lo vemos, en otro eje,
como la recomposición del trabajo bajo el ala del Capital. Por eso, intentamos
resaltar el antagonismo entre capital y trabajo y cómo, con más continuidades
que rupturas, en la actualidad argentina se intenta ocultar ese antagonismo.
Desde esta recomposición advertir cómo ciertas organizaciones iban marcando
otro campo de lucha. Por eso allí discutimos cómo cierto sector de la izquierda
tiene una lectura sobre esta recomposición del capital y, por ende, por dónde
pasaría la lucha.
El tercer eje
problemático, es el “teoricismo”, cómo nosotros nos situamos, tomando el
editorial de Amartillazos 4/5, dónde
nos hicieron críticas de que escribíamos un editorial en el que estábamos por
fuera. Esta situación nos interpelaba no sólo si nosotros habíamos caído en
cierto teoricismo sino también si las organizaciones de izquierda o nosotros,
como estudiantes de filosofía, profesores de filosofía, como militantes,
activistas nos vemos atravesados por esa situación. Tanto este eje como los
otros, lo decimos en la revista, si bien nos atraviesan como colectivo también
intentamos hacer un análisis estructural y coyuntural.
Por último, es la
cuestión de los diferentes modos en que se puede decir y percibir el trabajo.
Aquí se puede retomar el antagonismo entre capital y trabajo. Aquí también
vemos cómo la recomposición laboral o la bonanza que plantea el gobierno, desde
un sector populista, plantea una derrota de la clase trabajadora y un avance
claro del capitalismo. Como si la propia lógica de la acumulación capitalista
impediría salir del propio campo de lucha que plantea, en estos momentos, el
capital a través del estado.
Si he sido poco
claro, fue a propósito para propiciar el debate. Si algún compañero de Amartillazos, quiere agregar algo,
adelante.
[MS vuelve a invitar a no ceñirse a los
ejes propuestos para hablar. La sigue un silencio de 50’’…]
X1: A mí solo me desespera el silencio… No
leí la revista. Me encantaría decir algo, pero no la leí [más comentarios
risueños…]
NB: Me gustó mucho, de todas las Amartillazos es la que más me gustó.
Previamente tenía ciertos acuerdos. Del editorial, me pareció que hacen un
trabajo interesante. Por un lado, para establecer el movimiento, el desarrollo,
las relaciones entre los términos desde, como la llaman, una visión
“metafórica”. En una primera lectura rápida, para mí era una visión de
totalidad, me preguntaba porqué llamarla de otra manera, porqué cambiarle el
nombre. Hay discusiones de la lingüística que se me escapan. Por otro lado,
pensaba si no era una manera de despegarse de un prejuicio a la que está ligada
la palabra de “totalidad”. Porque después hay un trabajo muy intenso para poner
el movimiento de la realidad en una visión totalizante o, como dice otro texto,
monista.
De ahí, por un
lado, me parecía genial tomar el concepto de “clase” y despegarlo del obrero
fabril y darle otras determinaciones. Eso me parecía un buen trabajo y
detallado. Por eso me preguntaba si “metáfora” tenía que ver con esto o con
algo que yo no sabía. Por el lado del “teoricismo” hay, tanto en el editorial
como en las notas, todo un trabajo para reconocernos como trabajadores más allá
de la fábrica y del trabajo manual. Me preguntaba si Amartillazos no es un colectivo que se desarrolla a partir de la
condición de trabajadores, quienes hacen la revista, su función como
trabajadores no lo hacen como intelectuales críticos… la sociedad, el capital
no garpa para ser intelectuales críticos. Hay un espacio como esta revista
dónde eso se puede desarrollar y generar un colectivo de trabajo a partir de
ser estudiantes, egresados o productores de conocimiento.
X2: ¿Cómo surge la idea del editorial?
JP: El editorial y el número actual viene
siendo parte de una reelaboración continua de una crisis que tuvimos como
colectivo cuando estábamos trabajando el número 4/5. El número 6 hereda esos
problemas: el teoricismo, el lugar político de la revista, la cuestión del
trabajo. Desplegando esos problemas, más allá de las discusiones cotidianas de
la revista, la cuestión del trabajo venía apareciendo como cuestión conceptual,
como modo de elaborar esos problemas. La identidad del sujeto de cambio o el
lugar que tiene la producción teórica-política y el lugar que tiene ésta desde
el punto de vista del trabajo, en gran medida venía de los números anteriores.
Luego descubrimos que eso que nos pasa a nosotros es síntoma de problemas de
organización más amplios. Cómo y qué significa subjetivarse como trabajador y
cómo no pensarse al interior de la revista como un intelectual que tiene que
trazar los puentes para relacionarse con el supuesto sujeto revolucionario
fueron problemas que siempre trabajábamos en la revista pero que emergía como
discusión al interior del colectivo. O sea, estas cuestiones están como
problemas propios del colectivo pero también en eso que ronda, que presentó MG,
desde dónde se constituye un sujeto de cambio, si eso emerge de un laburo, es
meramente contingente o si hay condiciones en la realidad misma que establecen
un horizonte a partir del cual ciertas relaciones ponderan respecto de otras y
cuáles son las implicancias de esto. No sé si entiende la respuesta… tomé vino
antes de hablar… [seguidilla de chistes etílicos…]
P: Habilitado porque alguien dijo que
hablaba pavadas, voy a decir mis pavadas. En primer lugar, agradecer por el
vino y la comida. Lo segundo, y que es evidente para quien haya leído el
editorial, resaltar que el trabajo del editorial es muy minucioso, que hay
muchas horas de trabajo puestas allí y los resultados son notables,
independientemente de –como algunos me conocen- no compartir la perspectiva del
planteo del problema.
Un poco tentado por
la apuesta estética o literaria del texto, algunas cuestiones que me fueron
surgiendo. Primero, la idea esta del “retrato de una dama”, tal vez para los
que estamos más permeados por el planteo de coyuntura, no dejaba de estar
remitiéndome a “esa” dama que no mencionaban en ningún momento y que
probablemente estaba presente en las discusiones de modo metafórico,
desplazada, y que tiene que ver con no hacerse cargo del problema en esos
términos. Trataba de ver, en esa clave de lectura que es la metáfora, qué
callaba Amartillazos, qué se decía
sin decirse. Y justo el nombre del personaje central de la novela que eligieron
es “Isabel”. Por lo cual, las remisiones no dejaban de ser siniestras [Risas].
Eso es algo de lo que estaba en mi cabeza pero que ustedes hacían resonar. Cómo
hacer para hablar del presente sin caer en los términos coyunturales que a
veces dejan pensar tan poco. Eso trataba de conectarlo con la pregunta que
cierra el editorial, pregunta fundamental, sobre por qué es tan difícil
plantearse la explotación como problema. Me preguntaba si en el nivel
conceptual en el que se presenta el problema, que se hace concientemente cargo
de eludir los términos coyunturales para plantear livianamente el problema, no
está ya el inconveniente para ver por qué es tan difícil pensar el problema de
la explotación. Y, para ser más específico, cómo hacer para no recaer en
ciertos lugares comunes en el planteamiento del problema y cómo plantear en
términos más directos la cuestión de la historia, en los términos más llanos
que la conocemos: está el peronismo que marca nuestras posibilidades políticas
en el país. Cómo esa relación entre peronismo, capitalismo y estado, como un lugar
en el que se puede vivir, dentro de un imaginario, no son los que hacen un
dispositivo que hace posible no pensar la explotación como problema. Y cómo,
quizá, si nosotros eludimos ciertas cuestiones históricas y las resolvemos
diciendo que es “populismo”, quizá no podemos pensar por qué es tan difícil
pensar la explotación en nuestro país y cuando se emprenden proyectos de
cambio.
Hay cuestiones de
los textos más puntuales que no voy a detallar ahora, pero me parece advertir
una tensión interesante, de un problema real que da cuenta del desafío de hacer
confluir en una revista política y estética, y son ciertos pasajes entre
sutileza y necesidad de explicar, que en algunos textos es muy clara y que
tiene que ver con el problema de cómo se hace para relacionarse políticamente
con el arte. Cómo no hacer de eso un mero ir a buscar a los libros para decir
aquello que ya quería decir desde antes y lo justifico desde ahí. En muchos
momentos se logra, de una manera muy sutil. En otros, se filtraba la
explicación: “habría que pensarlo por aquí”, “va por acá”… Esas son las pavadas
que tenía que decir yo.
FM: Cada uno dice su pavada… Agradezco la
invitación. Está bueno la salida de la revista en algo que siempre caracterizó
a la revista, que es el ponerse a producir algo de cierta densidad, de cierta
seriedad que no sea una paper. No es
mucha la gente que produce así sin las intenciones de sumar “rayitas” en su
currículum académico. Si no, lo otro que se ve, es la producción de panfletos,
o sea sin ninguna densidad teórica orientados únicamente a la consecución de
objetivos meramente coyunturales. Y esos libros llenos de papers insignificantes que la Universidad produce a rolete. Todos
los textos y no sólo el editorial, lo que la hace muy placentera de leer y es
una bocanada de aire fresco; yo trabajo en la academia y poder leer, a veces,
estas cosas es alentador.
Hice una devolución
del sexto editorial. Primero voy a hacer una crítica y después una
re-elaboración de un argumento que comparto, que es la idea de “identidad
metafórica”, pero creo que se puede profundizar.
La crítica es
breve. Si bien simpatizo con la crítica a ese pluralismo de los sujetos de
cambio, que va oscilando sin ton ni son según los vaivenes de la coyuntura, no
estoy de acuerdo a que le quepa o le quepa sin más a la “izquierda
independiente”, incluso cuando enarbola la multisectorialidad como consigna (ya
hablaré qué querría decir la idea de multisectorialidad con preponderancia de
la lucha de clases).
Cito, si me
permiten, un libro de Miguel Mazzeo, El
sueño de una cosa. Introducción al poder popular, [El Colectivo, Buenos
Aires, 2007] un intelectual de la izquierda independiente, del FPDS, para
mostrar que hay más coincidencias que disidencias ante la cuestión de la
fragmentación del sujeto de clase. Dice Mazzeo:
“… En los últimos
tiempos, una práctica común de la izquierda de nuestro país ha sido la de
correr detrás del sujeto que, por avateres de estructura […], o peor aún, por
azares de coyuntura, deviene socialmente protagónico o ‘fuerte’. Así se lo
concibe como la encarnación de la causa popular, expresión de la condición
subalterna y dinamizador del conjunto de las luchas. Pero cuando las
condiciones cambian, se le niega esas virtudes y se lo coloca en una posición
secundaria mientras que se encumbra un nuevo sujeto portador de dichas
capacidades contrahegemónicas. De esta manera, las organizaciones sólo
bosquejan formas de construcción coyunturales y efímeras. Existen grandes
limitaciones a la hora de pensar-hacer política a partir de sujetos (populares)
múltiples…” [p. 42]
Hay bastante
afinidad. Brevemente, creo que el concepto de “pueblo” que subyace a la idea de
“poder popular”, evidentemente no es idéntico al de “clase”. Habría que pensar
cuál sería la relación. Pienso que las líneas que marca Mazzeo, en este texto
seminal para buena parte de la izquierda independiente, no se refiera tanto al
concepto de “pueblo”, en el sentido de populismo, por caso, laclauliano, como
el resultado de una operación hegemónica contingente, sino que está inscripto
en la lógica social del capital y es, incuso, la clase trabajadora. Sólo que,
habiendo abandonado una hipótesis de la ortodoxia (que está en Marx, a mi modo
de ver, tendencialmente en La lucha de
clases en Francia) de la unificación de la clase trabajadora, el paso de la
clase en sí a la clase para sí, se va a
dar, fundamentalmente, bajo el peso del despliegue automático del capitalismo,
mediante el proceso de pauperización, las crisis crecientes, la tendencia
decreciente de la tasa de ganancia, etc. Esta tendencia lleva a que la clase se
organice en un partido autónomo -el partido de la clase obrera-, y abandone las
salidas policlasistas. Lo que ve Marx, en la Lucha de clases en Francia, es que en el 48, en las alianzas
policlasistas, la clase obrera está conducida por un sector de la burguesía
progresista, en contra del sector financiero y los propietarios terratenientes.
El resultado, derrota desde el punto de vista del proletariado, da como germen
la idea de la constitución de una partido de la clase obrera. Yo creo que esa
hipótesis que ve Marx, que hay una dinámica tendencial del capitalismo que va a
unificar a la clase trabajadora, es lo que no se puede sostener hoy, por la
fragmentación con la que encontramos a la clase, que se ve, incluso, en la idea
de “identidad metafórica”, o sea, la clase no se define por estar todos en la
fábrica y asalariados, si no que hay otras fracciones que están precarizados, subocupados,
etc. Creo que la idea de “pueblo”, en el sentido de poder popular, en primer
lugar, responde a esta situación ante que a un pluralismo posmoderno o
populista en el sentido de Laclau. Ahí está la crítica no al argumento en sí
sino que se le aplique a la izquierda independiente en su totalidad. Reconozco
que el concepto de “nuevos movimientos sociales” ha estado muy en boga en ese
sector y es una expresión horrible que hay que abandonar, ya que supone una
concepción, por lo menos, pos-marxista de la totalidad social que niega a priori que exista algo así como la
“lógica del capital”. O sea, comparto parcialmente, ya que a veces se construye
un enemigo de paja o se reduce. Incluso, creo que esa discusión que se señala
como del colectivo es parte del derrotero de la nueva izquierda.
La otra cuestión,
la profundización de una de las cuestiones que se proponen en el texto, que es
un problema que me obsesiona y que veo que es común a las obsesiones que
asedian al colectivo, y que tiene que ver con cómo pensar desde una mirada
marxista una serie de luchas que no están centradas en la cuestión de clase, ni
siquiera en el sentido metafórico. Esa
herramienta para pensar la clase más allá del obrero fabril, es un argumento
muy bueno. Pero me pregunto cómo se puede pensar desde una mirada marxiana, por
ejemplo, la lucha de género o la política queer
o algunos aspectos de la política étnica, que tienen una relación más
directa con la acumulación originaria, pero que, culturalmente, hay problemas
que no se reductibles ni siquiera a la lucha de clases entendidos en un sentido
amplio. Ahí hay un límite del argumento. Aún entendiendo la clase
metafóricamente, no permitiría incluir la política queer. Entonces me pregunto sobre cuál es el tipo de relación que
tendríamos que tener con este tipo de políticas. Una respuesta es la de la
izquierda tradicional que dice que son “secundarias”, ante la “principal” que
es la contradicción capital-trabajo. Eso es sostenible. Incluso tengo un
acuerdo parcial en que el potencial estratégico de la clase trabajadora no es
homologable a otros sectores, por más que sean dinámicos, que estén en lucha,
si queremos derrotar al capitalismo. Sin embargo, hay un peligro en estas
cuestiones de la ortodoxia que pone en un lugar secundario estratégicamente a las
demás luchas, que es el peligro de la “burocratización” (sólo pensar de modo
acotado las cuestiones de clase y no pensar las otras instancias de
democratización del poder que harían a un proyecto emancipatorio consistente).
Por eso digo de ampliar el argumento de la identidad metafórica de la clase
trabajadora, e incluso ir más allá y pensar desde allí la multisectorialidad
(en el sentido de que emergen múltiples luchas irreductibles a la lucha de
clases). Eso se puede pensar desde Marx y la tradición marxiana, pero con una
peculiar manera de revisitar el texto de Marx. Hay una tradición dentro del
marxismo, el marxismo occidental, su padre es Lukacs, que es, para mí, para
pensar estas cuestiones, la tradición mas prolífica del marxismo. Su columna
vertebral, su nota común es la ruptura con el economicismo, con no entender
preponderantemente de modo económico la crítica marxiana. La crítica de la
economía política no es una crítica de la teoría económica sino un análisis
categorial de las relaciones sociales. Algo se dice en la revista cuando se
introduce la perspectiva relacional para pensar las clases, por eso digo que es
una profundización y no una crítica. Es entender que la lógica del capital no
es una lógica económica que luego produce de modo causal o determinista “lo
político”, la “superestructura”, sino que la lógica del capital es directamente
la lógica social de la sociedad burguesa. Es decir, que en la sociedad
capitalista se da una mutación del nexo social, de las formas fundamentales,
estructurantes de las relaciones sociales.
(¿Estoy hablando
mucho tiempo?... acá me acercan un “cinco minutos”… lo hago breve)
De esa mutación del
nexo social capitalista, desde mi punto de vista, aparece la posibilidad de la
proliferación de múltiples maneras de vivir. Lo digo como afirmación crítica, a
partir de otro blanco que se puede desprender del editorial que es la crítica
de cierto posmarxismo académico que sirve para hacer un montón de estudios de
caso pero no para pensar la sociedad, que dice que “ahora hay múltiples sujetos
sociales…” La misma idea, la práctica,
la realidad de que haya múltiples sujetos sociales es un producto de la lógica
del capital. No en vano un pensador que está muy ligado al nacimiento del
capitalismo es Descartes. Hay una radicalidad extrema en el cogito cartesiano que es maravillosa,
que es poder pensar la propia tradición como contingente. Para mí, Descartes es
el primer filósofo que hace eso, pone en duda la propia tradición. No importa
cómo sale Descartes de ese brete. Ese es el acto filosófico fundacional de la
modernidad. Yo creo que ese acto tiene un trasfondo histórico-social, que ya se
estaba gestando y que se va a consolidar en el siglo XIX, la lógica social del
capital. ¿Qué es lo propio del capitalismo? Su presupuesto histórico, la
acumulación originaria, es la producción de un trabajador doblemente libre, de
los medios de producción y para vender su fuerza de trabajo. Para que esto pase
es fundamental que el capitalismo destruya las relaciones tradicionales de
dependencia. Si el trabajador deviene esclavo o si la producción se maquiniza
absolutamente, el capitalismo se acaba. No sólo necesita que el trabajador
incorpore el tiempo de trabajo socialmente necesario sino que también tiene que
ser una mercancía, y para eso tiene que ser libre, en el sentido de un
ciudadano libre de toda dependencia de lazo personal. En ese sentido, el
capitalismo tiene un potencial y una actualidad liberadora, destruye las
dependencias personales adondequiera que va. O sea, muta las formas de
dependencia social, a mi ver. En otras sociedades, la dominación social se
ejerce a través de contenidos tradicionales, por ejemplo cierto corpus de creencias. Esto viene de la
mano de que la dominación social es personal o inmediata (por ejemplo, la
relación entre el vasallo y el señor). Para que la relación capitalista sea
posible es necesario que haya una plétora de individuos libres, liberados de
toda dominación y de toda tradición. Y pueden elegir independientemente sus
formas de vida. Esto tiene que ver que lo que garantiza la mediación social en
el capitalismo –que vivamos en común- ya no es una tradición, sino directamente
el valor. El valor es lo que garantiza
la interacción social. Lo decía Marx, el valor es la forma que asume la
relación social en el capitalismo. Así, en el capitalismo, los hombres dejan de
ser dominados personalmente para pasar a ser dominados por absatracciones:
abstracción-estado, abstracción-valor. Por eso en el capitalismo pueden darse
procesos de racionalización y de formalización en todos los ámbitos del espíritu,
por ejemplo, la del formalización del derecho, anular el derecho
consuetudinario y poner en todos lados códigos; la formalización de las
ciencias, del estado burgués. Solamente en el capitalismo aparece la
posibilidad de que el individuo elija su propia trayectoria de vida con
independencia de cualquier tradición. Esa es una afirmación polémica. La
desposesión de clase es como una clase de inconciente en la multiplicidad de
luchas típicas de la posmodernidad, una insistencia reprimida.
Hasta ahora mi
argumento hace lo que yo no quería hacer y refuerza el clasismo más obtuso.
Desde mi punto de vista, todas las luchas que tengan en el centro la identidad,
la subjetividad, como las luchas queer,
se enfrentan ante una disyuntiva: aceptar esta mediación abstracta del
capitalismo, que permite la emancipación de lo particular (“yo tengo derecho a
mi vida particular y ninguna tradición me va a decir cómo tengo que vivir”). El
capitalismo lo tolera y lo aprovecha, porque con todo produce valor. Ejemplo:
en las ciudades yo puedo comer comidas de cualquier tradición porque todas
ellas producen valor. En ese sentido, hay una potencialidad conservadora en
toda lucha en torno a lo múltiple. El multiculturalismo como lógica del
capitalismo avanzado. No es novedoso lo que estoy diciendo, ya lo han dicho
Jameson y otros críticos. Pero también tienen otra potencialidad emancipatoria.
Esa diseminación de lo múltiple que produce la propia lógica tiene un límite
que no puede correr: la valorización del capital. Meta alienada, omnímoda,
homogeneizante que se impone a todas las diferencias. Como es una abstracta
tolera las diferencias, a diferencia la tradicional de que tiene que matar al
disidente. Ahí hay un mecanismo totalizante, de producción de uniformidad que
caracteriza al capitalismo, que es la reproducción del valor, que eso no se
puede tocar. Entonces hay dos perspectivas en toda lucha por la identidad. Una
es que se puede dar dentro de los márgenes del capitalismo –y efectivamente,
sucede-, dentro de una totalización dada por el valor de cambio, por la
acumulación. O bien, la posibilidad emancipatoria que tiene que ver con
sobrepujar esa totalización de la valorización. Y en ese sentido, la idea en
boga, propia del posmodernismo, posestructuralismo, o mejor dicho, del
posmarxismo –con la que estaría yo discutiendo acá-, que habla de la
contingencia como objetivo político, hay que apropiársela pero diciendo: ¡ojo!,
bajo el capitalismo no hay contingencia sino necesidad. Necesidad de la
valorización. Y todo lo que hacemos es jugar en la superficie de esa necesidad
inexorable que se sigue reproduciendo. Y si queremos ir más lejos en las
consignas emancipatorias de las luchas, por ejemplo queer (que yo creo tiene un elemento emancipador muy fuerte, que
piensa que la identidad sexual no está establecida a priori a partir de una norma), tienen un elemento liberador si se
la confronta con la lógica del capital, como una producción de uniformidad
perpetua pero como es abstracta, también permite la multiplicidad. Con esa
idea, pasando de pensar la clase obrera a pensar el capital (que dicho sea de
paso, yo creo que es el sujeto –por lo menos por ahora- de la historia es el
capital), se puede profundizar la idea de una identidad metafórica de la clase
desde una perspectiva marxista, entendiéndola no como un economicismo sino como
una teoría del nexo social.
Disculpen por
hablar tanto.
P: eso que dijo no es una pavada…
[Silencio de 35’’]
P: pueden hacer apostillas a lo que dijo FM
[Silencio de 20’’]
MG: Yo no quería hacer una apostilla a lo que
dijo FM. Por ahí también la editorial es una apostilla a lo que dijo FM. Tal
vez algunos entramos a la carrera, en un momento en que, por ahí en filosofía,
no en la carrera paradójicamente, pero sí había un aire podmoderno, donde
precisamente lo que se planteaba era enamorarse de un rostro, como lo que
planteamos nosotros en el editorial. Lo que precisamente pretendemos discutir
en Amartillazos, es que es lo que sucede
luego de haber atravesado esa posmodernidad. Uno podría decir que lo hicimos
conciente o inconcientemente, pero es dar cuenta de una totalidad –que es lo
que antes decía Natalia-, cómo dar cuenta de una totalidad que no sea la
totalidad hegeliana, que no sea la totalidad marxista -en un sentido ortodoxo-,
pero que aún así nos permita a nosotros, principalmente, dar dimensión a la
vida y cómo opera el capital. Esto que antes nombraba FM de la proliferación de
modos o formas de vida. Yo sería, en un punto, más tajante: el capitalismo, si
bien permite, o mejor, necesita de este hombre moderno con la libertad, con la
capacidad de elegir, el capital es la totalización de una forma de vida que, en su modo de aparecer, puede ser múltiple.
Porque esto cobra otra dimensión, que nombraban como sutilezas, y tal vez por
eso a veces se habla de pluralismo, de diversidad y de tolerancia dentro del
capital. Qué es lo tolerable y qué es lo intolerable y no tanto de la
diferencia. En muchos textos de Amartillazos
de este número y de números
anteriores, hablábamos de la diferencia como de aquello que no se tolera y sí
la diversidad como aquello que permite el cbapital, el moverse como un
consumidor entre un abanico de posibilidades, pero no crear otras. Eso es lo
que me surge de escuchar y de pensar. Todavía seguimos pensando si el sujeto
político es múltiple o no, a qué llamamos ese “sujeto múltiple”. Si bien
nombramos al pasar la “multisectorialidad”, hacia dentro del colectivo nos
seguimos pensando porque en nuestra vida, en nuestra activación y en nuestra
militancia participamos en espacios múltiples, dónde uno está dentro de una
institución, y hay momentos en los que estamos creando institución dentro de
una institución con la lógica del capital, donde nosotros estamos atravesados
por la lógica del capital y tendemos a reproducirla, es por eso que pienso que
es algo a seguir discutiendo. Simplemente eso, apostillas… a la posmodernidad
JB: Lo curioso, para mí, a partir de lo que
menciona FM, es que en esta posibilidad de múltiples identidades emancipatorias
o sujetos de cambio, rara vez se ve la interconexión entre los problemas que
nos atraviesan. Generalmente los grupos o las identidades se conforman a partir
de algo en lo que no están de acuerdo. Me resultaba curioso en particular,
porque justamente una de las cosas que siempre me pareció muy genial de Amartillazos, entre otras, es esa
capacidad –que se sintetiza en el artículo final- de poder pensar a través de
una matriz o de un monismo los diferentes problemas y que esos problemas han
sido siempre el problema del capital. Esto lo digo a colación de lo que mencionaba
FM a partir de las divergencias o no de las luchas de clase, en sentido más
ortodoxo, y las luchas ligadas a las políticas de género o la política queer o de los movimientos campesinos. Y es curioso
porque al mismo tiempo que rara vez, un movimiento campesino –algunos
sectores-, o en determinadas prácticas de gente asume la política del deseo,
uno ve la vinculación directa con el capitalismo. Por ejemplo, en la última
marcha del orgullo del LGTB, escuché a dos personas de todos los discursos que
se dieron, vincular los problemas de género al problema del capital. Al mismo
tiempo, me pasa que transito con personas espacios de militancia no asociados a
estas cuestiones más “múltiples” y es muy notorio como en espacios de izquierda
se reproduce jerarquías y opresiones de género cuando se supone que no se está
viendo que hay un solo problema, que es el tipo de vínculo que genera la
relación capitalista no solamente hacia al interior del trabajo sino en sus
múltiples aspectos. Por eso decía, que una cosa que siempre me pareció genial
de Amartillazos, no solamente este
editorial y sus problemas sino también los números anteriores, las crisis que
vivimos anteriormente, es que tiene esa capacidad de elegir un prisma muy
preciso a través del cual mirar los problemas y plantear soluciones que no lo
eximen de poder hacer una autocrítica genuina de la práctica política.
[Silencio de 15’’]
JB: una última cosa, agradecer a MG porque
después del bodoque que es Amartillazos, un artículo sobre
Pina
es un gol hermoso…
[2’10’’ de silencio, ruidos de sillas…]
JS: yo quería decir un par de cosas. En
general, me gustó el editorial. Siempre me dio la sensación de que ustedes
deben discutir mucho el editorial para ponerse de acuerdo, algo que no hacemos tanto. Le dan un lugar muy
importante, quieren sentar posición. Es interesante que ustedes puedan pensar
sus propios conflictos. Ese es un punto interesante más allá del editorial en
sí, para cualquier grupo activista: la necesidad de la autoreflexión, la autocrítica,
autoconsiderar las propias dinámicas de lo que sucede. Porque, justamente, cuando
no hay autocrítica, se reproduce instantáneamente las relaciones que nos
dominan. Es importante para Amartillazos o
cualquier otro colectivo que esté ese espacio de autocrítica de las prácticas
que uno sostiene y que se exprese en el editorial, en un texto aparte o de
alguna forma. Me parece que hay también un esfuerzo fuerte en el editorial de
pensar que no hay que ir a hacer la revolución afuera, que siempre el llamado
de la revolución es ir a tal lugar, a cual lugar; sino que es más bien, pensar,
en qué medida, yo donde estoy, donde trabajo, donde participo estoy haciendo
algo o no para modificar las relaciones que nos dominan. Y me parece que parte
de las relaciones de explotación, de las relaciones de dominación es el
problema, si se quiere, en términos de identidad, en qué medida vos –ya sea la
identidad que tengas- estás reflexionando sobre tu propia práctica. En qué
medida tu identidad reflexiona sobre tu práctica. Me parece que el capitalismo
es un problema práctico, es un problema de cómo nos relacionamos todos los
días, no está en el estado, en dónde lo busquemos, sino que está en lo que
hacemos todos los días. No estoy diciendo que no sea positivo el hecho de que
haya múltiples visiones y perspectivas distintas sino que hay que pensar en qué
medida nuestras propias identidades están reflexionando o no sus prácticas. Y
no sólo en Amartillazos sino en todos
los colectivos. Está trabajado en el editorial. Y no es cuestión de pararse en
este problema como que alguien tiene la solución y se la va a dar al resto del
universo. Sino que hay que pararse en el problema como que yo soy una persona
totalmente vulnerable como el resto de la humanidad y estoy atravesado por
relaciones que no puedo controlar. Y ese es el punto de vista desde el cual
vemos la realidad como inmanente. Y ese espacio en el que se reflexiona sobre
en qué medida todos estamos reproduciendo relaciones que nos dominan, yo diría
que es liberador en el sentido de que es el momento en el que vos estás
reflexionando sobre cómo escapas a la lógica de la voluntad libre y feliz que
no tiene ningún problema, que puede convivir con todo el mundo. Ese esfuerzo
está reflejado en el editorial.
Después, me
gustaron dos textos –voy a resaltar el hecho de que son de dos mujeres-, uno es el artículo
sobre la deuda, “El hombre del veraz”, que trata de
pensar el tema de cómo se construye la subjetividad. En este caso toma en
particular la deuda como un punto importante para pensar. Cómo nuestra
subjetividad está constituida socialmente y aunque no estemos conciente de
ello, esas relaciones están constituyendo nuestra subjetividad. Y es importante
no sólo pensarlo para notar los límites que uno tiene sino también las
posibilidades de construir otras formas de subjetividad. También me interesó el
de MS, que piensa dos
estereotipos de artistas –también vinculados con el tema de la subjetividad,
donde uno está totalmente absorbido por el sistema y reconoce que todo lo
que construye es una porquería, pero lo
sigue haciendo porque tiene que sobrevivir. Y el otro, que dice que la única salida
del sistema es huirse en un refugio y morirse de hambre. Me parece interesante
la imagen, no estoy diciendo que todo gire entre esos dos puntos. Pero esos
polos también son un efecto de las relaciones que dominan. También hay ahí un
esfuerzo de reconocer que nuestros propios deseos son un efecto de cómo nos han
construido. Lo mejor que podemos hacer es ver desde dónde parten para construir
otros vínculos que puedan modificar. Lo difícil es cómo construir otros
vínculos, desde qué lugar uno –sin pararse en la exterioridad- puede construir
otras formas de relaciones que son también otras formas de ser uno mismo. A mí
me pareció que esto se reflejaba en estos artículos, en el editorial y me
parece interesante que vaya en esa dirección y no en el sentido del populismo,
estado, Kirchner…
NB: Otra cosa que también me parece que
estaba trabajada de forma interesante es el tema del deber ser como crítica a
‘la sociedad debería ser...’, del deber ser hacia la militancia. Hay todo un
trabajo, incluso, cuando hacen una caracterización de lo que llaman ‘izquierda
independiente’ y del cambio rápido de sujeto, donde tratan de apartarse de lo
que debería ser para decir ‘es lo que es’ y que eso tiene su lugar. Y ese
trabajo de la militancia como el lugar de la fe y del deber me pareció muy
interesante, creo que eso está muy bien trabajado.
D: Yo quería decir algo, no acerca del
contenido, sino acerca de lo que me producía a mí o lo que me produjo esta
serie de editoriales de Amartillazos.
Después quiero hacer una pregunta acerca del modo de trabajo. A mí me parece
que Amartillazos es muy interesante
porque me parece que es un espacio en el que se está intentando repensar el
marxismo de un modo profundo, detallado, trabajado. Creo que eso es bastante
importante. Yo siendo que hay como una especie de reformulación, si se quiere,
una lectura de la actualidad en términos marxistas, muy trabajada y muy
profunda. Eso me llama la atención, me impresiona bastante. Sobre todo en un
contexto en el que quizás las agrupaciones de izquierda no están dedicadas a
producir teoría. Entonces, desde ese punto de vista, este trabajo me parece más
que rescatable. Después, a mí Amartillazos
siempre me da como mucha emoción. Yo conozco, sobre todo, los editoriales; he
leído algún que otro artículo, pero las editoriales las he leído todas. Y
siempre había como una especie de emoción que pasaba por ahí. Y es un poco
paradójico porque el tono de la revista, si se quiere, es bastante racional. Y
que un tono tan racional me suscite tanta emoción me produce cierto
desconcierto. Ese tono tan racional, tan detallista, que he notado que todos lo
resaltaron cuando intervinieron. Recuerdo un documento o un texto, no recuerdo
si fue producido exactamente para la revista, llamado Llamamos comunismo que fue en el 2009, en un contexto de debate por
la ley de medios, un contexto que interpelaba. Y en ese contexto uno se
pregunta lo siguiente: cuando uno está de acuerdo con la radicalidad del
planteo pero ve la distancia con respecto a las posibilidades concretas,
aparecen como una serie de dudas y de inquietudes. En ese contexto, creo que el
kirchnerismo se inserta para chupar bastante sangre de ahí, o de cierta
militancia política, chupa sangre de esa situación. En el contexto de la ley de
medios parecía que el kirchnerismo se radicalizaba o, para no ponerlo en términos tan extremos,
había una especie de cambio en la conducta del kirchnerismo que a uno lo hacía
dudar y se preguntaba qué estaba pasando. Porque yo estoy de acuerdo con cierta
radicalidad que no puedo encontrar en el discurso más de superficie del
kirchnerismo, con esta conciliación de trabajo y capital. Bueno, en este
contexto aparece Llamamos comunismo y
a mí me llenó un poco de aire porque ahí no había un temor por tratar los
términos en la radicalidad en que hay que pensar lo que es. En fin, es una
especie de emoción que me descolocó y me había parecido muy fuerte. Y eso es lo
que siempre me producen las editoriales de Amartillazos.
Estoy marcando un efecto concreto de lectura que me parece que no es menor este
tema de que hay una emoción que se transmite en las editoriales, que no
prescinden de un tratamiento profundo y detallista del contenido.
Y lo que les quería
preguntar era cómo trabajaban las editoriales, cómo llegaban a efectivizar la
producción del editorial. Y menciono ese texto porque es el texto que,
entiendo, es colectivo.
MG: Particularmente esta editorial venía con
una crítica que tiene que ver con parte de la crisis que había nombrado JS. Y
la crítica era que muchas veces, si bien tenemos un espacio de discusión para
la producción del editorial, quienes más terminaban escribiendo eran dos o tres
compañeros. Escribían sobre lo que se había discutido, pero terminaban
escribiendo o, tal vez, anticipando la discusión, esos dos compañeros.
Entonces, en esta editorial buscamos hacer conscientes esas limitaciones y, en
tanto que pudimos hacerlas conscientes, pudimos autocensurarnos o censurar a
algunos compañeros para que no escribieran y así poder delegar la tarea en
otros para poder hacer de la revista un taller de escritura. Pero las primeras
editoriales de Amartillazos surgieron
de esta manera. Creo que después, en los distintos números –y en eso se puede
asemejar a cualquier instancia de institución, de trabajo continuo- comenzaron
a fijarse esos roles de quienes son los que redactarían o escribirían. Al hacer
consciente eso me parece que logramos, por lo menos, delegar la tarea en nuevos
compañeros. Y siempre nos damos ese espacio de discusión y de debate sobre lo
que se escribe. La elaboración de este editorial fue un trabajo de un año.
Cuando presentamos la revista, o se la vendemos a algunos compañeros por fuera
de la facultad, la contestación es que esto no es una revista sino un libro. Entonces
tenemos la necesidad de remarcar que es cierto que parece un libro, pero que
eso se debe a que hemos trabajado durante un año. Porque, a veces, recibir la
revista puede generar que la participación en el espacio de Amartillazos sea cada vez con más prejuicios.
Se puede llegar a pensar que si se publican esos contenidos, entonces para
participar se tiene que escribir de determinada manera o manejar determinado
vocabulario. Y, en realidad, me parece que tiene que ver más bien con un
trabajo de lectura, discusión, elaboración de bocetos o borradores para releer
y rescribir. Pero creo que lo que logramos es que todos los artículos sean así
y no sólo el editorial.
LD: Agrego que cada número trabaja
temáticamente, es decir, cada número tiene un tema particular que muchas veces
también dialoga con lo que quedó del editorial anterior o de debates
anteriores. Es decir, no hay una lógica estructurada de cómo se hace un
editorial pero sí un debate colectivo sobre ciertas problemáticas que, muchas
veces, quedan. Se hablaba acerca de cómo el editorial de este número surge
también a partir de los debates o críticas que han quedado. Tiene que ver con
la instancia de diálogo entre editoriales. Si uno se pone a leer todas las
editoriales podrá ver que van dialogando, retomándose entre sí y reelaborando
lo que se ha dicho. Sí se trabajo sobre un tema particular, en este número ese
tema particular fue el del trabajo; pero también se dialoga con otras
cuestiones como la elaboración de la situación particular del grupo. Entonces
quienes aporten a la discusión del editorial participarán del próximo número
como escritores de la misma, ya que retomaremos también esta instancia para
reflexionar sobre lo que habilitan, limitan o posibilitan las editoriales que
son una instancia de plasmación de un pensamiento colectivo.
JB: Yo recuerdo las editoriales de Amartillazos como experiencias de mucha
intensidad. Entonces si se logra como efecto que alguien diga que se emociona
cuando la lee, me parece que es un efecto positivo.
MG: Y de mucho pensamiento también. Me parece
que discutimos esto de la intensidad del pensamiento. Me parece que tiene que
ver con eso que vos decías, cierta racionalidad en términos de cálculos, pero
no sólo trabajamos filosofía en ese sentido sino que en Amartillazos también
intentamos que pensar sea algo intenso. Porque también me parece que vamos
logrando cierta capacidad de discutir abiertamente posicionamientos y, en
cierto punto, conceder algunas cuestiones que están dentro del editorial. Si
bien no hay una unificación absoluta, nunca se llega a un momento en que se
redondee absolutamente, sí hay situaciones en las que vamos acordando sobre el
texto. Yo diría que es como un taller. No sé qué piensa el resto de los
compañeros y compañeras.
MS: También tiene que ver con que a veces es
muy difícil, o que se da una distancia muy grande, entre lo que se discute en
la reunión sobre el editorial y lo que luego se plasma por escrito. A veces ese
salto es difícil de dar, porque todos participamos en las discusiones y después
es muy difícil escribirlo. Siempre es más difícil escribir que hablar. Por eso,
lo que propusimos esta vez es ir juntándonos, lo ideal sería que esas personas
que se junten vayan rotando. No por una cuestión de ‘deber ser’, pero sí como un
deseo de que todos podamos aprender a escribir un editorial, porque son ideas
muy complejas que requieren cierta argumentación. Los textos, si bien tienen
este carácter que mencionaba MG de discusión colectiva, responden al estilo y
las formas que tiene cada uno. Pero el editorial tiene un contenido
conceptualmente mucho más denso que, a veces, es difícil de plasmar. Entonces,
la idea para este número y los que vendrán es que todos podamos participar
tanto de lo que se charla en las reuniones como de lo que se escribe.
JP: Retomo un par de cosas. Iba a decir algo
más puntual, pero las intervenciones me dieron bastante para anudar, enriquecer
o fijar un poco de matices a lo que quería decir. Retomo la intervención del
último compañero que hizo referencia a la elaboración de los editoriales. Yo
reconozco un par de cosas que se dan en todos los números. Y estoy de acuerdo
con eso de que hay una fuerte trayectoria de laburo o un intento muy
racionalista de escritura. Pero, al mismo tiempo, no es casual que se esté
mencionando esta cuestión de la intensidad o el afecto, porque todos los
editoriales están marcados –paradójicamente, aunque no parezca- por afectos muy
coyunturales. Y que, en general, para mí tienen que ver con lo que diseña esta
dificultad. Tal vez, podría pensarse por ahí por qué las agrupaciones de
izquierda en general no tienen como problema el tema de la producción de
teoría. Salió esto que dijo FM, y que a mí me pareció muy interesante, de
deambular entre un volante para salir del paso y un paper; o lo que se decía de
la falta en no tomar a la producción teórica como problema. En el caso de Amartillazos, siempre se trató de tomar
esto como problema; por eso la cuestión que se mencionó de tomar la revista
como un taller en el sentido de que no estamos acostumbrados a enunciar –como
laburantes, como estudiantes de filosofía o en general- la cuestión de la
enunciación como problema. Y lo es en el sentido de que no estamos
acostumbrados a poner por escrito –y acá retomo un poco lo de JS- cuáles son las
estrías que estamos viviendo cotidianamente para tratar de enunciar a partir de
ahí. Ese gesto es un quilombo. Y no sólo pasa cuando uno no hace una tarea
intelectual, sino incluso en la carrera de Filosofía; por eso el primer
editorial trabaja la cuestión de la relación entre la filosofía y la estética,
por eso la afirmación de un taller, y por eso tratar de pensar el problema de
la escritura y afirmarnos como taller. Es decir, veíamos que teníamos un
escollo colectivo para poder hablar y pensar sobre los propios problemas
concretos, y a partir de ahí aparece el primer editorial. Por eso siempre se
caracterizó por tratar de trabajarlo con mucha profundidad, y eso era un afecto
bien concreto y un problema bien concreto de por qué pensábamos y escribíamos
ese editorial. Lo mismo en el número dos, que tenía que ver con que había
pululando por ahí una idea muy fuerte de que en los noventa hubo una
desinstitucionalización en general y que se perdieron los vínculos. Y nosotros
lo que veíamos es que los vínculos estaban bien concretos y que efectivamente
en la última década también, y que el problema era el tipo de vínculo que se establecía y el tipo de
instituciones que nos regían y no tanto si los había o no los había. Se trataba
de un problema bien concreto lo que disparaba el rol de la crítica en el
editorial número dos. En el número tres estaba la cuestión de la educación, que
tenía que ver con que muchos estábamos militando en bachilleratos y aparecía el
problema de cómo formarnos y cuál era la tarea docente o cómo pensarnos como
docentes. Y así podríamos enunciar el resto. Me parece que una de las notas
fundamentales es que, a partir de cierta lógica muy clara que venimos laburando
en una cierta trayectoria de afirmación política, aparece también el tema de
posicionarnos frente a ciertas cuestiones. Y ahí sí nos parece muy importante
el editorial porque creemos que hay un estilo que se genera en el
posicionamiento y no tanto en decir “está todo bien, escribamos lo que nos
parece, se pueden decir las cosas de muchas maneras”. Posiblemente para
nosotros sea en el posicionamiento de cierto estilo de enunciación donde
aparezca la diferencia. Y es en ese sentido que para nosotros el rol del
editorial es tan importante. Por eso
digo que no me extraña que lo que escribimos, más allá de que sean bodoques –y
tuvimos muchos problemas también respecto del último editorial, sobre todo, por
su extensión-, siempre se encuentre atravesado concretamente por los problemas
que tenemos como sujetos políticos y laburantes. Por eso también la intensidad,
o ese cruce entre Dionisio y Apolo, en tratar de encontrar la forma concreta
para una intensidad y que tiene que ver con un problema concreto que nosotros
trabajamos. De ahí viene eso que decía JB, que son tan intensos los editoriales.
Insisto en que, para mí, tiene que ver con que como laburantes, como
estudiantes –si quieren, tómenlo como relación social, clase trabajadora
explotada o relación social capitalista mediante- no estamos acostumbrado a
enunciar en un sentido que tiene que ver con nuestras propias particularidades
sino muy atravesados por las políticas o condiciones de enunciación
establecidas. Por eso retomo lo que decía E. acerca de que las dificultades de
enunciar nos pone a la distancia, pero tal vez habría que ver si la distancia
no está en que no estamos acostumbrados a enunciar nuestros propios problemas,
que la enunciación siempre viene de otro lado. Entonces, obviamente, cuando
aparece una enunciación particular va a hacer ruido. Tampoco hay que naturalizar
cómo uno enuncia y dejar de volver críticamente sobre eso. Pero habría que ver
si no está emergiendo ahí un problema general que tienen que ver con que
estamos formateados a cierta manera de enunciar y no de otra. Esto lo tiro como
problema para tratar de pensar si no tiene que ver también con que en esa
tensión difícil para calibrar cómo intervenir ahí, pero como poder hablar
también. Y poder hablar desde un cierto lugar particular.
Recupero eso para
hacer una intervención acerca de por dónde yo estaba pensando las repercusiones
del número seis. Si uno toma este
carácter situado o atravesado por la afección y el tono de los problemas
políticos que están dando vueltas y tal como nos impactan a nosotros, el editorial número seis no se
refiere, a mi criterio, ni a una especie de clasismo burdo ni a decir que la
relación de clase tiene preeminencia absoluta sobre el resto de las luchas,
sino que tienen que ver con un tono que estaba dando vueltas. Y para mí ese
tono que estaba dando vueltas tenía que ver, no con si había una relación de
clase que ponderaba respecto de otros conflictos, sino con una especie de
pluralismo generalizado que ni mencionaba la relación de clase. Y que eso se
filtraba, incluso, en los discursos políticos de izquierda. Ese me parece que
era el problema en el que nosotros tratábamos de intervenir y que nos
interpelaba muy de cerca, de ver cómo efectivamente – incluso en la propia
enunciación de izquierda- se caía en que enunciar cualquier perspectiva
anticapitalista y como problema de clase era una especie de mala palabra. Y en
eso me parece que el editorial es intempestivo, porque es intempestivo para
nosotros y porque refleja también una preocupación concreta que no es si la
relación queer o si la política de
género y sexualidad está por detrás o por delante de la relación de clases sino
que esa relación no se establece. Y ese es un problema que me parece que
tendríamos que laburar e investigar, porque trae aparejado que una cosa es la
política de la sexualidad y el deseo y que otra cosa es el capitalismo. Y ahí
me parece que hay una cuestión que puede llegar a ser un problema. Me parece
que esto lo dijo JB, y yo lo retomo un poco. Se trata de pensar si la relación
familiar, la monogamia, la política sexual no tienen que ver con un régimen
capitalista de ese tipo de experiencia, y en qué medida cuando emergen
cuestiones allí no tienen que ver un poco con eso. Un compañero que también
produce algunos materiales autogestados, me decía respecto del matrimonio
igualitario si Foucault, de haberlo analizado, hubiese analizado cuáles son las
estadísticas de la gente que se casa y hubiera tratado de fundamentar por qué
necesariamente tenía que aparecer el matrimonio igualitario en términos de
dinámica social y de acumulación de capital. En el sentido de si no hay una
experiencia de la locura, de la sexualidad, de la razón en términos
familiaristas, en términos de cómo se vive la monogamia y que no tiene que ver
con si eso produce o no produce plusvalor, esa es otra discusión, sino en qué
medida hay una experiencia del deseo, una relación social que tiene que ver con
el tamiz y la especificidad capitalista. Me hace pensar en esta cuestión de
cómo unir inmanentemente la cuestión del deseo con la producción social, y si
no habría que preguntarse si no se nos está colando también –y en esta falta de
enunciación- la escisión de una política de la sexualidad y del eros respecto
de la producción social. Habría que preguntarse si hay o no esa distancia y
cómo se establece. Eso simplemente.
X2: ¿Hubo acuerdos homogéneos entre todos
respecto de qué es el trabajo? ¿O hubo desacuerdos, tensiones, conclusiones,
dudas, pasos atrás, pasos adelante?
E: Te cuento que uno de los apartados del
editorial dice: «el trabajo se dice de muchas maneras». No quiero anular tu
pregunta, pero a la hora de posicionarse me parece que es claro que hay un tipo
de posicionamiento a la hora de construir el problema y no tanto a la hora de
definir cuál es la respuesta. Eso me parce central en la apuesta de los
distintos número de Amartillazos.
Pero me parece que hay algo bastante pertinente, que yo no había llegado a ver.
Y ahora voy a citar un texto de dos hombres en el que se dice que la historia
de la humanidad es la historia de la lucha entre el monismo y el dualismo. Por
un lado, estaban diciendo que hay que reponer la problemática de la clase y que
en el mismo número aparezca esta afirmación que claramente parece augurar otro
recorrido, es interesante para pensar dónde se encuentran esas dos
preocupaciones. La preocupación de que hay que reponer la problemática de clase,
porque se está evadiendo en un montón de discursos de izquierda que se supone
que son discursos que tendrían que considerarla, y, por otra parte, la apuesta
de reposicionar la problemática dando rodeos. Y esto último no lo digo en un
sentido negativo, sino en el sentido de no recaer en los mismos lugares que
están tan ligados a cierta jerga académica; imagínense un panfleto que diga
«abajo el dualismo, arriba el monismo», sería difícil de entregar en la puerta
de Kraft, por ejemplo. Creo que tiene que ver con la misma apuesta, y yo no
había visto ese nexo hasta que escuché tu reposición. Una de las preguntas que
se me ocurre es qué pasa con la caracterización de la clase como una dimensión
propiamente histórica cuando se viene a encontrar con esta afirmación que
parece reponer un nivel de análisis de mucha más larga duración, e incluso de
otro nivel, que ya no tiene que ver con
identificar sujetos y propiedades sino con modos de plantear el problema. Si en
algún momento se encuentran o si sólo es dejar el problema planteado en otro
nivel para ver qué pasa. Y si es eso, la interpelación a la izquierda
independiente parece más rara porque se plantea en otros términos totalmente
diferentes y la cuestión sería qué diálogo se puede establecer desde ahí. Esa
sería una de las inquietudes que me surgen. «Hablemos del trabajo», diría esta
nueva izquierda o esa vieja izquierda, y vos le decís «la historia de la
humanidad es la lucha del monismo y del dualismo». Ahí hay una tensión para
poder establecer un código. Pero probablemente ustedes ya están pensando en
vino y yo vengo a inquietarme, tarde... como el búho... como el búho que toma
minerva.
NB: En el editorial, cuando definen la clase
y dicen «la definimos a partir de la relación y no de los términos, y eso nos
permite abordar un montón de cuestiones), me parece que están diciendo algo que
está íntimamente relacionado con la nota sobre el monismo filosófico. Digamos
que es el mismo planteo, en distintos términos.
X3: Todos los editoriales plantean problemas
bastante afines que dejan bastante material para agarrar y para seguir
pensando. Eso, para mí, es una especie de indicio o efecto positivo de que hay
una suerte de búsqueda que quizás tiene que ver con esto. Yo me pregunta por
qué había tanto interés en plantear cuestiones grupales en los editoriales.
Parecía que había un interés plantear las cosas que ustedes iban atravesando
como grupo de cierto modo y no de cualquier modo. Es como si ya en el modo y en
el contenido hubiese algo para decir que, de alguna manera, inspirara. En esta
época de pioneros, yo creo que ese es un gesto muy interesante, porque al
parecer muchos estamos buscando cuál es la eficacia de un interior, cómo se
relaciona ese interior con un exterior. Ese problema me parece que aparece
bastante en el editorial. Al menos yo lo leí por ese lado, por el tema de la
crisis de grupo, problemas de grupo, temas que obstaculizan y que plantean un
asunto a resolver, que parecerían banales pero que no lo son, y si lo son
cuando se exteriorizan –cuando se los dice de ese cierto modo que se buscó
intencionalmente- dejan de ser un asunto de entre casa y pasa a ser algo más
exterior. E incluso a veces más salvaje,
en el sentido de que en la interioridad también aparecen elementos que permiten
campear el afuera. Para mí hay algo interesante en este asunto de cuál es la
eficacia de un interior, cuál es la eficacia de esta práctica y, además, cuál
es la relación entre lo que se revisita o se repiensa, la repetición, y la
búsqueda que sería como esa especie de línea de fuga que se escapa y que, sin
embargo, sigue estando en esta relación con lo que se repite. De alguna manera,
son estas imágenes que estamos viendo de algunas tomas que vuelven a pasarse
con distinto ritmo, que son las mismas y no son las mismas porque el ritmo y
los fotogramas cambian y, de pronto, todo es distinto. Es como si se estuviese
negociando una suerte de especificidad, y ahí sucede como un avance que tiene
que ver con el trabajo que se hace grupalmente. A mí, personalmente, ese
trabajo que se persigue en los editoriales me deja una sensación de que incluso
en las contradicciones hay posibilidad de que el pensamiento sea eficaz. Y esa
sensación me parece que es suficiente. Si eso sucede a cada paso uno siente que
las cosas no se van al carajo todo el tiempo y que la posibilidad de la
ampliación y de avance, incluso en la precariedad, es posible. Podría plantear
como pregunta si eso tiene alguna relación con el tema del trabajo que está
atravesado por el tema de la precariedad, donde la fragmentación y la ruptura y
la dificultad para edificar son un tema bastante difícil de sortear.
JR: Respecto de las divergencias o
heterogeneidad de posiciones respecto del trabajo, que incluso se podría tomar
del editorial cuando dice que trabajo se dice de muchas maneras. Creo que en su
momento, cuando lo tomamos, creo que tuvo que ver con que se decía de todas
esas maneras afirmativamente, y eso era lo complejo. Se decía que el trabajo,
en tanto trabajo asalariado, define al capitalismo desde que nació y hasta
ahora, y lo definirá hasta que se muera, si es que eso sucede. Está definido en
nuestra propia biografía: desde que uno es estudiante secundario, después
tendrá su primer trabajo, le tocará haber nacido en los años setenta y entrar
en un sindicato combativo pensando que iba a hacer la revolución, o entrar como
un precario monotributista, o trabajar en Mc Donalds. Se pueden hacer diez mil
cortes más para uno poder recuperar el sentido del trabajo. También está operando
la historia de Amartillazos, por lo
menos como la tomamos nosotros, como inscripta en la generación post 2001 que
no puede dejar de pensar sin ese acontecimiento en su cabeza, marcado en su
cuerpo y en su biografía política ya como colectivo. Por eso no se puede dejar
de pensar el trabajo con la década kirchnerista. Eso sólo por ponerle un
título, porque con Duhalde ya había empezado a crecer la economía en el 2002.
En esas tres maneras de entender el trabajo –insisto que pueden haber varios
cortes más- está la idea de multiplicidad en esa manera de entenderlo y la
unidad de pensarlos todos a la vez. Eso es lo difícil de pensar. Y, a su vez,
también está ligado con diferentes maneras de entender el tiempo, el tiempo
biográfico, el tiempo histórico en un sentido fuerte del capitalismo, los
últimos diez años, los ciclos económicos, etc. Entonces se trata del mismo
gesto de pensarlo todo a la vez. Y eso, de alguna manera, se relaciona con esto
que vos decís de advertir hasta qué punto se pueden relacionar dos mil
quinientos años de humanidad con los últimos quinientos del capitalismo. Pensar
en esa confluencia o multiplicidad, pero también unidad, de muchos tiempos es
un poco lo que intentamos hacer al mirar hacia atrás nuestra propia crisis
inscripta, por ponerle un corte, en los últimos cuarenta años, desde lo que se
llama la globalización para acá. Pero eso, a su vez, no es sólo hacia atrás
sino también hacia adelante, el tiempo político que nos podemos dar para
desandar y desatar un montón de nudos. No es la necesidad de pensar el tiempo
personal más el tiempo histórico, más..., más..., más..., no se trata de pensar
el marxismo, más la teoría de género, más el psicoanálisis, más..., más...,
más..., sino tener que pensar todo a la vez. ¿Cómo se hace? Ah, no sabemos.
Pero si uno toma en un sentido fuerte esas determinaciones del tiempo, la cosa
se oxigena bastante. Y, tal vez, el deber ser y la mala conciencia no tengan
nada que hacer; seguramente, van a volver a aparecer y nos van a atosigar.
FM: Lo que yo decía antes, en buena medida,
también se puede pensar a partir de esto que se decía de la inmanencia del
corte. Como si estuviesen en el mismo plano de unidad, si se quiere. Lo que yo
trataba de decir antes tenía que ver con complementar la perspectiva del
trabajo con una perspectiva del capital, pensar el capital. Por ejemplo, Aldo
Casas, un intelectual ligado al Frente Popular Darío Santillán, dice que el
capitalismo es un sistema de dominación múltiple. Y yo creo que desde esta
perspectiva monista hay que enfatizar tanto el múltiple como el sistema. Si
enfatizamos el múltiple, nos quedamos con esta yuxtaposición de perspectivas.
Pero la idea es la de un sistema de dominación que se manifiesta en múltiples
áreas, pero que es siempre uno y el mismo. Un mismo sistema, una misma lógica.
JR: Si uno se entusiasma con esta manera de
plantear el problema, le quedaría chiquito pensar. Si en la Argentina
puntualmente no se pregunta uno por el contra-capitalista, le queda corta
después la pregunta por el peronismo. Si uno asume esas temporalidades
monstruosas del problema, el peronismo es sólo una especificidad. Es verdad que
muchas veces en el anticapitalismo se obturan problemas muy rápidamente y no se
animan a pensarlo.
M: Primero quiero felicitarlos por la
revista, este número me parece que está buenísimo. Pude leer sólo el editorial
y algún que otro artículo. Pero algunas preguntas se me dispararon. Primero, en
relación a lo que decía JS acerca de la dificultad de la enunciación. Quizás
tenga que ver con la complejidad del problema y con esta cuestión de que cuando
uno enuncia, también deja cosas por fuera. Y en ese sentido, a la hora de
pensar la caracterización de la militancia a partir del 2001, la crisis de la
identidad y demás, pensar en enunciaciones también supone definir, y en esa
definición muchas veces uno reduce la complejidad de aquello que busca abordar
como problema. Tal vez el silencio también tiene que ver con esa dificultad
tanto personal como colectiva de abordar determinados problemas. A mí, en
primer lugar, me pareció muy interesante cómo se presentan como revista. La
idea de pensarse como una máquina, como una práctica; la forma en que piensan
cómo desarrollan este número y de pensar cuál es el problema que surge en el
colectivo identificando eso inmediatamente como un problema político. Las
críticas que piensan en clave de eso me pareció sumamente interesante. Después,
más en la clave de la caracterización de la crisis del 2001, de la lógica de la
metonimia con que identifican a la militancia post 2001 y esto que se hablaba
en relación a la pluralidad, yo me preguntaba de qué hablamos cuando hablamos
de pluralidad. Si de la pluralidad del sujeto o de la pluralidad de
experiencias. Me parece que ahí, a veces, el salto entre pensar el sujeto y eso
traducirlo en experiencias que son múltiples es un poco complicado. Esto de
pensar que hay como una especie de desplazamiento de la militancia que va
pululando de una experiencia a otra, como si cada una de esas experiencias se
pensara a sí misma como sujeto. Me parece que ahí hay un problema en términos
del pasaje entre una categoría conceptual, en este caso el sujeto de
transformación social, y cómo eso encarna concretamente en una multiplicidad. Prácticas
que en sí mismas no se piensan ni como sujeto, o se piensan como sujeto
formando parte de un sujeto más amplio que es imposible de enunciar de manera
inmediata. Lo que pienso en relación a eso es que el 2001 trajo un conjunto de
nuevos problemas en torno del sujeto que no tiene que ver con pensar una
multiplicidad de sujetos sino de pensar un sujeto múltiple. En ese sentido,
pensar la apuesta por la transformación social en esa clave también es pensar cómo
la lucha de clases encarna en un conjunto de experiencias que no se pueden ni pensar
de manera aislada ni inmediatamente conectada con otro conjunto de
experiencias. Y en esta clave también tratar de penar la necesidad de dar la
disputa política, pero también anclándolo en un momento de esa lucha de clases
en cada uno de los aspectos de la vida que uno transita. En ese sentido me
parece que inmediatamente está esta conexión entre el problema del trabajo con
otro conjunto de problemas que, desde otras perspectivas o en general, no se asocia
con un problema de clase.
[1] Dejamos
el link a nuestro blog: http://revistaamartillazos.blogspot.com.ar/. Allí se podrá
encontrar tanto el editorial del último número, discutido en la presentación,
como también los números anteriores
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