Gramsci también va a la escuela
1. De Marcelo Ghigliazza a Valeria García y Mariano Repossi:
Mariano...
Leí la nota que escribiste con una compañera
sobre el trabajo docente en el último número de Amartillazos. Me resultó
interesante. Un par de comentarios.
Muy buena la relación entre las propuestas
curriculares de "educación durante toda la vida" que desetiman los
contenidos y moldean un sujeto versatil e indiferente, y la correpondiente
exigencia de fluidez y flexibilidad del capital en esta etapa.
Muy buena la caracerización del docente como un
trabajador a mitad de camino entre el grupo profesional y el obrero fabril.
Me resulta más problemática y tengo ciertas
diferencias con la caracterización del Estado que hacen y sobre todo de la
función de escuela como necesariamente reproductora. Desde una perspectiva
gramsciana, quizá, se podría ver a la escuela como el lugar donde es posible
dar la batalla contrahegemónica por la dirección intelectual y moral de una
sociedad sin clases sociales. Qué se yo, igual estamos lejos de ser eso!!!
Un abrazo,
Marcelo
2- De Valeria García a Marcelo Ghigliazza:
Marcelo, nuevamente
agradecemos la lectura del artículo.
Comparto
algunas cosas que vengo pensando alimentadas por tu comentario, no tanto para
encontrarle los puntos flojos a Gramsci, quien escribe pensando en las
posibilidades revolucionarias del pueblo italiano de los años veinte sino para
tensionar algunas hipótesis a propósito de las relaciones Estado-Escuela,
resistencias y contrahegemonía.
Es
cierto que, frente a las teorías acerca de la escuela etiquetadas como
“crítico-reproductivistas” (Bourdieu-Passeron, Althusser, Baudelot y Establet)
y en la vereda opuesta de otras corrientes más ingenuas (escuela nueva,
liberal, tecnicista, etc.) el desarrollo teórico de Gramsci (y sus relecturas –
Freire, las teorías de la resistencia – Willis, Apple-, etc) es, por decirlo de
alguna manera, optimista respecto del potencial transformador de la escuela.
¿Pero qué escuela según Gramsci? ¿Esta escuela o aquella que resulte del
proceso por el cual la hegemonía, en términos gramscianos sea “hegemonía
proletaria”?
Habría
que revisar ese compilado de Mario Manacorda “La alternativa pedagógica”, para
descular si Gramsci afirma o no que la emancipación pueda gestarse en el
interior de una escuela en tanto que institución capitalista.
Anoto
algunas concepciones del Estado y escuela que se pueden leer en los Cuadernos
de la cárcel. Vols. 5, 8, 12 y 15. (No anoto la clásica división
sociedad civil/sociedad política)
Me
parece que lo más concreto y sensato que se puede decir a propósito del Estado ético
y de cultura es lo siguiente: cada Estado es ético en cuanto una de sus
funciones más importantes es la de elevar a la gran masa de la población a un
determinado nivel cultural y moral, nivel (o tipo) que corresponde a las
necesidades de desarrollo de las fuerzas productivas y por consiguiente, a los
intereses de las clases dominantes. La escuela como función
educativa positiva y los tribunales como función educativa represiva y
negativa, son las actividades estatales más importantes en tal sentido. Pero en
realidad, hacia el logro de dicho fin tienden una multiplicidad de otras
iniciativas y actividades denominadas privadas, que forman el aparato de la
hegemonía política y cultural de las clases dominantes. (…) en la realidad sólo
el grupo social que se plantea el fin del Estado y el suyo propio como una meta
a alcanzar, puede crear un Estado ético, tendiente a poner fin a las divisiones
internas de dominados, etc., y a crear un organismo social unitario
técnico-moral.
El Estado es
el entero complejo de actividades prácticas y teóricas con la cual la clase
gobernante no sólo justifica y mantiene su dominio sino se arregla para ganar
el activo consentimiento de aquello sobre los cuales gobierna.
Puede
incluso decirse que la crisis escolar que hoy nos amenaza está
precisamente ligada al hecho de que este proceso de diferenciación y
particularización se produce caóticamente, sin principios claros y precisos,
sin un plan bien estudiado y concientemente establecido: la crisis del programa
y de la organización escolar, o sea de la orientación general de una política
de formación de modernos cuadros intelectuales, es en gran parte un aspecto y
una complicación de la crisis orgánica más amplia y general.(…)
La
crisis tendrá una solución que racionalmente debería seguir esta línea:escuela
única inicial de cultura general, humanista. formativa, que equilibre
justamente el desarrollo de las capacidades de trabajar manualmente
(técnicamente. industrialmente) y el desarrollo de las capacidades del trabajo
intelectual.
De este
tipo de escuela única, a través de experiencias repetidas de
orientación profesional, se pasará a una de las escuelas especializadas o al
trabajo productivo. (…) Pero esta transformación de la actividad escolar exige
una ampliación inaudita de la organización práctica de la escuela, o sea de los
edificios, del material científico, del cuerpo docente, etcétera. (…)
El
advenimiento de la escuela unitaria significa el comienzo de
nuevas relaciones entre trabajo intelectual y trabajo industrial no sólo en la
escuela, sino en toda la vida social. El principio unitario se reflejará por lo
tanto en todos los organismos de cultura, transformándolos y dándoles un nuevo
contenido.
A mi
entender, ni el Estado, ni la escuela, critican las relaciones de producción
capitalistas. Entonces me parece que el debate desborda la cuestión de si el
Estado actúa por consenso o coerción o ambas.
Se
podrían explorar también, otros conceptos en Gramsci: el rol del intelectual,
el intelectual orgánico, el nuevo intelectual, el folklore (clases populares),
además la idea de una “educación para las masas” que abriría otra discusión.
Ahora
bien, independendientemente de que pretendamos que la escuela sea ponderada como
un espacio para la formación de sujetos revolucionarios: ¿lo hace? ¿hay una
tendencia transformadora o reproductora? Tal como vos afirmás, parece que
estamos algo lejos.
¿Cuál
es el aporte de la educación para construir otro orden social y de qué manera
la educación actual cuestiona el orden vigente?
No
ignoro que pueda haber "resistencias" al interior de las escuelas.
Comprendo que la reproducción nunca es lineal ni homogénea, hay cortes,
fisuras. En todo caso, estudiar aquellos fenómenos que atestiguan la función
reproductora de la escuela no supone abandonar el registro y análisis de las
resistencias. Y vale que nos preguntemos: esa resistencia, esa contracultura
¿es activa, política, consciente o meramente instrumental e
individualista? ¿afirma o cuestiona las relaciones capitalistas? ¿en qué
sentido es contrahegemónica? O, situarse frente a lo hegemónico ¿supone siempre
un lugar de oposición? Pienso en términos de consenso y negociaciones para
desarmar la idea de dominación como imposición. ¿Qué hay detrás de la
resistencia estudiantil y docente? ¿cuáles son las lógicas de esas
resistencias?¿cuáles son y cómo se modelan las instancias emancipatorias en las
relaciones concretas en el aula? O tal vez, la resistencia sea un deseo del
investigador, del militante, del intelectual.
Sigamos pensando ¿no?
3. De Marcelo Ghigliazza a Valeria García:
Gracias por tu
respuesta, tan precisa y tan elaborada. Me quedo pensando algunos fragmentos.
Empiezo a
partir de una pregunta tuya: ¿Pero qué
escuela según Gramsci? ¿Esta escuela o aquella que resulte del proceso por el
cual la hegemonía, en términos gramscianos sea “hegemonía proletaria”?
Creo que
“aquella escuela que resulte de proceso por el cual la hegemonía resulte la
hegemonía proletaria” no es una escuela distinta de la escuela de hoy, o mejor,
es la escuela de hoy en su ser otro. Quiero decir, es la escuela de hoy
devenida escuela nueva, si se quiere, humanizada. Sin duda creo que habrá algo
de la vieja escuela que va a quedar, que
se va a conservar, pero en un nuevo nivel. Por ejemplo, el carácter gradual de
la escolaridad, el carácter gratuito, obligatorio, laico, el énfasis en la
enseñanza del lenguaje, las matemáticas, las ciencias sociales y naturales,
aspectos del arte, el deporte, el hecho de que sea un espacio de socialización
importante, me parece que estos rasgos, en un nuevo contexto de hegemonía
proletaria, no deberían cambiar. Sí, tomarían nuevos matices, adquirirían
nuevos tonos, nuevas formas, pero creo que en cierta medida seguirían.
Esto quizá se
relaciona con lo que anotaste de Gramsci en cuanto a que “cada Estado es ético en cuanto una de sus funciones más importantes es
la de elevar a la gran masa de la población a un determinado nivel cultural y
moral, nivel (o tipo) que corresponde a las necesidades de desarrollo de las
fuerzas productivas y por consiguiente, a los intereses de las clases
dominantes.” Me parece genial esta cita que trajiste porque, para mí,
significa que la escuela —aun en un contexto capitalista— cumple una función
ética, ya que al mismo tiempo que le sirve a las clases dominantes para
legitimarse, le sirve a la totalidad social, y, en este sentido, responde al
interés universal, no particular. Esa
función de la escuela de “elevar a la gran masa de la población a un
determinado nivel cultural y moral” no hay que olvidarla, ni desvalorizarla.
Que el trabajador tenga una escuela donde aprenda a leer y a escribir, y
elementos de la matemática (por decir lo mínimo) es cualitativamente mejor que
si no lo tuviese.
En este mismo
sentido creo que la construcción de una sociedad comunista no debe renegar de
todo lo que existe actualmente, por ejemplo, en el ámbito educativo. Como decía
Mariátegui: “el socialismo contemporáneo es la antítesis del liberalismo; pero
nace de su entraña y se nutre de su experiencia. No desdeña ninguna de las
conquistas intelectuales. No escarnece y vilipendia sino sus limitaciones.
Aprecia y comprende todo lo que en la idea liberal hay de positivo: condena y
ataca solo lo que en esta idea hay de negativo y temporal” (“Siete ensayos…”,
Amauta, pp. 79-80).
De acuerdo a
lo anterior creo que una de las grandes conquistas
intelectuales que se han dado bajo el modo de producción capitalista en
general, y en el proceso de formación de nuestro Estado-nación en particular,
es precisamente, la conformación del sistema educativo estatal. Con vaivenes,
con épocas de avance y retroceso, con las grandes derrotas de las últimas
décadas, la educación pública en la Argentina ha sido una de esas conquistas
intelectuales, que deben ser criticadas por sus limitaciones, es cierto, pero
no desdeñadas “de cuajo”, en pos de un
supuesto proyecto emancipatorio.
Te voy a dar
un ejemplo, a pesar de la reforma del Estatuto del año pasado en la legislatura
de la ciudad de Buenos Aires (que todavía no se aplicó) los docentes del
sistema educativo público de esta jurisdicción participamos, en tanto
trabajadores, en el gobierno del sistema. Conformamos la mayoría de cada Junta
de Clasificación, las cuales arman los listados y los criterios del orden de
mérito y controlan los actos públicos en los cuales se toman los cargos. Más
allá de que se pueden hacer críticas a los criterios del orden de mérito, al
funcionamiento de algunos juntas, este esquema permite que uno acceda a su
cargo, a su puesto de trabajo, por su idoneidad, sin deberle un favor a nadie,
y sin tener que mostrar afinidad ideológica con nadie (como a menudo pasa en
las escuelas privadas y en los bachilleratos populares). Esto no es solo una
“conquista laboral”, de “condiciones de trabajo”, es una manera de empezar a crear lazos y estructuras objetivas
correspondientes a una sociedad de iguales.
Todas estas
cosas que te menciono como positivas de la escuela pública, no me nublan la
vista para reconocer abiertamente las terribles falencias o cosas que habría
que cambiar cuanto antes. Precisamente,
en cuanto a la crisis escolar, me parece correcto lo que apuntás de Gramsci con
respecto señalar su carácter orgánico:
la crisis del programa y de la organización
escolar, o sea de la orientación general de una política de formación de
modernos cuadros intelectuales, es en gran parte un aspecto y una complicación
de la crisis orgánica más amplia y general.
De todas
maneras, no creo que haya que esperar que esté resuelta la crisis orgánica (en
un sentido reaccionario o revolucionario) para actuar individual y
colectivamente en la escuela. Creo que hay que ir articulando, acumulando
fuerzas, dentro del mismo sistema educativo en torno a una serie de principios
básicos, de ideas que solidifiquen y se vuelvan “fuerza material” capaz de
resistir con éxito cualquier política educativa reaccionaria de turno y al
mismo tiempo ir contribuyendo a conformar una nueva subjetividad, capaz de
sostener el esfuerzo de llevar adelante el proyecto de una sociedad emancipada.
Como te decía, creo que estamos muy lejos de eso, por una serie de confusiones
arraigadas, más o menos interesadas y cómodas, en el cuerpo docente en general.
Una de esas
grandes “confusiones” que hoy está haciendo desastres en el sistema educativo
es la actitud demagógica y condescendiente de muchos nuevos maestros y
profesores con respecto a los estudiantes.
Yo trabajo en el nivel primario y en éste tengo un recorrido de nueve
años por distintas escuelas, de diferentes barrios y sectores sociales. También
tengo la experiencia de haber cursado la carrera de sociología de la UBA. En estos lugares al
menos, se está volviendo un núcleo duro en la práctica docente la tónica de
“promocionar a todos”, de no exigir, de facilitar en el mal sentido. Pareciera
que es más piola el docente que “no toma asistencia”, “que comprende la
situación del alumno que trabaja”, “que no quiere estigmatizar desaprobando”, y
todas esas pelotudeces, que en la mayoría de los casos es una farsa, una salida
fácil, una manera de “sacarse el problema de encima” (¿qué más fácil que
aprobar a todos?, ¿quién hoy te va a pedir explicaciones por ello?). Sin duda
que esto es una bajada de política educativa en todos los niveles: se trata de
mejorar las estadísticas educativas, pero nunca, jamás de generar un proceso
igualación en la posesión de conocimiento o de desarticular efectivamente la
concentración cada vez más agresiva del capital cultural en pocas manos. Este
fenómeno se esconde hipócritamente bajo la fachada de las “políticas de inclusión
educativa” que es la manera que tiene el Estado capitalista de responder a las
demandas de escolarización, garantizando que el conocimiento quede “bien
guardadito” para las élites.
Este aspecto
creo que es hoy uno de los que urge modificar “en el aula”: Frente a la escuela
demagógica, condescendiente o “para pobres” es preferible la vieja escuela
tradicional. Esta última, por lo menos, te enseñaba a leer y a escribir, a
sumar y a restar. Además de a obedecer, aprendías algunas herramientas. La otra,
con un discurso muy progre, te deja en la niebla y a merced del más fuerte. Más
desarmado al fin.
Más allá de
este punto, me parece necesario seguir indagando, como vos decís, en una
propuesta de escuela que ayude a formar un sujeto nuevo. Parece adecuado lo que
dice Gramsci al respecto de una formación humanista, que equilibre las
capacidades manuales con las intelectuales, pensando en una sociedad en la cual
la escisión entre estos dos polos no sea un abismo.
Así también
habría que pensar en las relaciones de poder en una escuela, acordes a una
sociedad humanizada. En este aspecto, la idea de dirección me parece adecuada, en el sentido de una búsqueda
permanente por parte de quienes tenemos funciones educativas de, por un lado, hacernos cargo de la autoridad y las
responsabilidad que tenemos si huir de ella, y, al mismo tiempo, asumir la
tarea de superar la unidireccionalidad y el autoritarismo, tratando de crear y
sostener, en la medida de lo posible, mayores niveles de reconocimiento mutuo
entre docentes, estudiantes y directivos.
Bueno, gracias
por la paciencia.